Diario de una confinada (día 45)

El idioma de ahora

Hay que estar preparados. No, no para lo que se avecina, en general, digo, lo que viene después de que se vaya el Virus, que a saber. Ni para lo del sábado, lo de salir, ya sabéis, eso que antes hacíamos y ahora se nos ha ido olvidando. Que a saber también. Porque ni idea de momento si va a ir por barrios, por horas o apellidos. O por manos, para salir por pies.

Me veo como siempre, la ultima de la fila. Que daba igual el baremo que usaran oye, yo para el final. Si no era por la V era por la S, si no porque no me cabían las piernas o porque no paraba un momento quieta. La cuestión es que siempre para atrás. Y salir, no salí nunca al principio. A la cola. Como ahora.

Nunca he recibido tantas instrucciones en mi vida. Hasta he pensado en tener un libro de instrucciones con las instrucciones que tengo que tener. Más jaleo que montar un mueble de Ikea, que te pones en tensión según rompes el precinto. Que a mí siempre me pareció que eso no podía terminar bien y, sí, fatal. Siempre sobra un tornillo, que ya te planteas si se te habrá caído a ti porque otra explicación no encuentras.

Ahora hay que añadirle que tienes que aprender un nuevo idioma. No habíamos acabado de empezar con el ingles y ahora tienes que descifrar qué dicen con eso de la nueva normalidad, que ya sólo que le pongan una palabra por delante a normalidad ya es algo anormal. Te pone en alerta, oye. Luego viene lo de la movilidad social, que viene a significar que de dos metros no te muevas ni un centímetro. Desescalamos, al parecer, pero yo no sé qué porque he estado encerrada en casa mientras el Virus iba de cima en cima. Todo lo flexibilizamos, en este país que siempre se ha dado tanto a lo rígido, porque estamos en un proceso adaptativo de transición gradual, asimétrica y coordinada con cita previa y varias fases que se implementarán de acuerdo con un desarrollo normativo en varios ámbitos de actividad. Resumen, que la cosa no pinta bien. Para volver a cualquier normalidad, incluida la nueva.

Mientras el presidente me explicaba lo que al parecer va a pasar, me puse a mirar por la ventana, viendo la vida detenida. La misma calle de hace 45 días, cuando el tiempo se contrajo y la realidad se volvió sueño y recuerdo. Y así vivo, instalada en la esperanza. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

 

Susana Vergara Pedreira

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