Diario de una confinada (día 47)

Vísperas

Anda, ya lo siento, que para andar vais a tener sólo un kilómetro y en cambio para correr, todo el municipio. Lo que os dé el cuerpo. Pies para qué os quiero. Que qué tonterías eran esas de que correr es de cobardes. Veis como Covid ha venido para cambiarlo todo. Bueno, casi todo. Un poco. Vale, algo.

Hay que ponerse las mallas y el despertador. Qué ganas de ponernos horario. El de antes, ahora que ya nos habíamos acostumbrado a cualquier cosa. Casi. Pues sí, los que queráis estar a solas con el Virus por la calle podéis salir ya a las 6 de la madrugada. Supongo que pondrán las calles para esa hora. Y no os vais a cruzar con paseantes y eso. Los lentos van en otra franja. Horaria. Lo que no sé es cuándo van a poder salir los que andan pero deprisa. De esos el decreto no dice nada. Ay, otra vez un país de extremos.

En casa a las 10. De la mañana. Y como mucho, hasta las once de la noche. Con la manía que tengo yo de llegar tarde, mal y siempre. Así cómo vas a encontrar a un príncipe que no salga rana, incluso aunque salga, si no te dejan ni estar hasta medianoche. Vas a volver a casa sin perder ni una zapatilla, eso seguro. Y el viernes por la noche sin salir por casa, cualquiera se arriesga a quedarse dormido.

De verdad que lo siento. Os veo happy, venga, vamos, fuerza, que esto se acaba y digo madre mía, qué trompazo nos vamos a dar mañana cuando volvamos otra vez a casa. Pero infelices, si estamos en vísperas. Aún. Y Covid va a salir de 6 a 23.

Espero que no os importe que no me importe. Voy vivir la vida lentamente a toda prisa. Tengo 60 minutos. Una hora para darme una oportunidad. Y para dársela a quienes luchan por contener el Virus. Es mucha suerte. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

Susana Vergara Pedreira

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