Diario de una confinada (día 57)

El mundo exterior

A veces, qué lejanas quedan las cosas. A desmano. Como cuando estás tirada en el sofá y te has dejado el cargador del móvil encima de la mesa. Que por no ir, no vas y hasta prefieres pasar sin escuchar música. O cuando estás en la tumbona y llaman a la puerta de entrada. Que tampoco vas. Las distancias es lo que tienen, que son tan subjetivas.

A veces, ocurre que el tiempo y el espacio se juntan en el mismo lugar, en el recuerdo. Y queda igual de lejos aquella noche en Cerezales viendo estrellas que la Vía Láctea. Luego haces memoria, como cuando intentabas recordar cuál era la Osa Mayor, la Menor y Orión, si te daba igual porque a ti lo que te fascina es la magia de ese firmamento en el que flotamos, y te das cuenta de que fue apenas hace nada.Qué lejos todo.

Cuando el mundo exterior era el espacio infinito, un viaje al universo, a la estrella de Belén y al Halley, a un cometa que pasa una vez en la vida y ves con tus hijos pequeños una noche estrellada y sabes que la próxima vez que regrese estarán solos y tú serás ya polvo de estrellas y estrechas sus manos sin que ellos sepan por qué porque sabes que ese momento único no volverá. Efímero y perdurable.

Quedan lejos las noches de Navidad, con las burbujas escapando de la copa y el brillo en ojos, creyendo en el número mágico, 20-20, que traería suerte, felices por un instante.

El mundo exterior está ahora tan cerca. Detrás de un cristal. Al otro lado de una ventana. En la calle. Tan próximo y tan inalcanzable. Como el sueño de una constelación perdida. Brillando en la oscuridad. Colgado en la bóveda celeste. Con la estrella polar marcando el Norte. Y tú en casa. Hasta mañana. Cuidaos mucho.

Susana Vergara Pedreira

Añadir comentario